Powered By Blogger

jueves, 19 de junio de 2014

CARTA A LA OTRA MUJER


Amiga: Te digo amiga y...no puedo engañarte. Mi primer impulso no fue llamarte amiga. He pensado muchas veces en ti rebelándome, odiándote, sintiéndote intrusa en mi casa.
He imaginado con horror tu presencia entre todo lo que hoy me pertenece totalmente.
Y tuve que llorar, y vencerme, apelar a toda mi lógica y a toda mi misericordia para poder llegar a este momento en que, resignada, te llamo amiga.
Cuando leas esta carta, no se aún el día, no se aún la hora, ya habrás oído hablar de mí.
Pablo te habrá dicho muchas cosas y tu curiosidad habrá averiguado las restantes.
Te causara un poco de sorpresa que mi madre te entregue esta misiva. Pero es necesario creeme.
Primero haré un poco de historia, para que te ubiques.
Hace dos meses cuando ya el malestar era insoportable, visité a mi médico. El hizo lo que correspondía hacer: revisiones, análisis...y al final, la verdad. Porque yo quise que me dijera la verdad, esa que estaba escrita en sus ojos cuando se posaron sobre mi rostro: " No podre salvarla. La ciencia aun no ha descubierto el remedio para su mal".
Entonces le exigí: " Dígame cuanto tiempo queda". Debo saberlo, hay muchas cosas que tengo que dejar solucionadas, para cuando....eso suceda..."
Y sus palabras fueron: " Unos meses . Cinco... o seis."
No le dije nada a Pablo . Es tan susceptible, tan impresionable..; se hubiera desesperado, y un hombre desesperado no es buena compañía para una mujer que quiere llevarse de la vida un último recuerdo agradable y dichoso.
Te confieso que los primeros días fueron terribles para mí. Miraba mi casa, mis niños, mi marido...me miraba yo misma al espejo y rompí a llorar. Me pareció injusto. Me pareció cruel. Pero uno se vuelve cuidadoso de su tiempo cuando sabe que es poco el que le queda, y pensé que todos tenemos un límite, una sentencia firmada, solo que yo conocía el día de la ejecución y los demás no saben cuando sucederá la suya.
Pero no hablare más de mi. No.
Pablo es joven, vehemente, impulsivo y luchador. Es sincero y honesto. Todas estas cualidades de oro, tan difíciles de encontrar juntas en un hombre, harán que le perdones sus pequeñas imperfecciones.
Eso sí : necesita estímulo. Un empujón cada tanto. Y una buena cuota de admiración por lo que hace.
No miente, la mentira no es su hábito, pero a veces, en esas raras ocasiones que miente, se le ponen vidriosos los ojos y se tira del nudo de la corbata como si temiera que lo ahorcase.
Es un hombre bueno, un hombre que merece respeto y todo el amor que puedas darle. Yo quiero que Pablo sea feliz. Por eso estoy segura de que existirás, amiga. Aunque hoy no sé tu nombre, ni como eres.
Pero un día, cuando yo no esté, Pablo te encontrará, tal vez sin buscarte y sin proponerse volver a querer. Y entonces, en el mismo momento en que decidas casarte con él y cuidar a mis niños, te habrás convertido en la mujer a la que está destinada esta carta. De ellos, de Pablo y de los niños, es que quiero hablarte.
Sé que lo aceptarás, que lo amarás, que pensarás que podrás hacerlo dichoso. A él y a mis hijos.
Sé que te sentirás poderosa, un poco quijotesca en los primeros instantes. Que aflorará a tu piel eso de madre en potencia que llevamos dentro las mujeres desde que empezamos a jugar con las muñecas.
Pero después...., cuando asumas en firme ese papel, cuando llegues a esta casa, cuando descubras en los ojos de mis niños todavía hay un retazo de mi imagen...y tal vez Pablo me vea allí...vas a odiarme, vas a querer destruirme, borrarme... Oh, no lo hagas! Por lo menos no lo hagas de golpe.
Marcela ahora tiene 9 años. Pecas sobre la nariz. Se baña y viste sola, ordena su ropero y es buena alumna (salvo en matemática...). No le gusta la sopa, ni los fideos, ni la espinaca, pero se desvive por el chocolate y el dulce de batata.
Se parece a Pablo, tiene su pelo, sus ojos, sus gestos. Pero heredo las pecas de mi infancia y mi debilidad por los poemas.
Hay que tener cuidado con Marcela, todo la hiere, todo la lástima, su mirada infantil parece llegar al fondo de las cosas. Su sensibilidad de nueve años alcanza, sin embargo, a desnudar la intención de las palabras.
Me llevo bien con ella. La entiendo y me admira.
Por la tarde, mientras le ayudo con sus deberes, ella me cuenta " las cosas importantes" que le pasan. Y opina que nadie le hace como yo el moño con los lazos de su delantal: un moño abierto, volandero como una mariposa blanca.
No es muy demostrativa, pero le da seguridad saberse amada y comprendida. Y la hace feliz comer una torta hecha por mis manos.
Amiga, Cómo quieres borrarme de pronto en esta niña que está llena de mí, de mi cariño, de mi tiempo, de mis desvelos? Muchas veces te hablará de mí. Te dirá: "Mi mamá me decía"..."mi mamá hacía..."
No  te rebeles frente a esas palabras. No la hagas callar. No le pongas la cara y entretanto piensas en otras cosas para no escucharla.
A través de sus palabras, de lo que más le llegaba de mi, de lo que más le impresionaba de mis actos y de mi amor, aprenderás a conocerla mejor. Y a los niños hay que conocerlos mucho para poder hacerlos felices.
No es solamente mimarlos y amarlos a nuestra manera…no…es cuestión de darles el amor según como ellos lo necesiten. Andrés tiene hoy 5 años. Los cumplió la semana pasada. Vinieron sus amiguitos, tomaron chocolate, me dejaron la casa patas para arriba. Pero se rieron mucho con las gracias del payaso que contraté y todos se fueron felices y cansados con una bolsita de pequeños juguetes.
Con él no tendrás problemas. Es extrovertido, sentimental, se entrega fácilmente.
Pobrecito mi Andrés. Cuando hay tormenta se acurruca a mi lado y luego, por la noche, quiere dormir en mi cama, entre Pablo y yo. Pero es tan tibio, tan blandito, tan suave, que resulta agradable, y conmovedor sentirlo cerca, con sus mejillas sonrosadas por el calor y el sueno, las manitos flojas y los pies apoyados en mis piernas.
Pablo está muy orgulloso de ellos. Es un enamorado de sus hijos. Para él no hay otros mejores ni mas lindos sobre la tierra. No le saques esa idea. No se la deformes ni pretendas convencerlo de lo contrario.
El tan definitivo, tan terminante en sus apreciaciones, se sentiría como perdido en medio de un bosque si le quitas su magnífico impulso paternal.
Por ellos lucha, por ellos se empeña, por ellos ha sacrificado muchas cosas. Por ellos ha endulzado el tono de su voz y ha transformado sus ásperas manos varoniles en dos tibios nidos , tan blandos como la tenue corola de una flor.
Por ellos...* (siempre es por ellos, cuando uno tiene hijos) yo te escribo esta carta que esta tarde entregare a mi madre, diciéndole, de una manera blanda y despreocupada, quizás hasta con una sonrisa en la boca : Mamá...., esto debes dárselo a la que ocupe mi lugar si alguna vez me llega a pasar algo.
Ella me llamará loca, tonta, pesimista. Sus ojos se llenaran de lágrimas y yo la consolaré. Pero guardara la carta. Lo sé. Algún día , en el momento preciso, te la dará, y besara tu frente. En ella tendrás una amiga, una buena amiga sin miserias ni reticencias que te ayudará en todo lo que necesites.
Su ejemplo y sus enseñanzas hacen que yo ahogue mis impulsos primitivos de egoísmo, de celos, y pueda abrir mi corazón en estas líneas.
Piensa que estos niños son lo mejor de mí. Lo mejor de una mujer que los concibió con amor, los dio a luz con dolor, los ayudó a crecer con risas, con lágrimas, con miedos, con inexperiencias, con intuición, con fallas pero con tanto, tanto de si misma... que ahora que tú vas a reemplazarla, merece que hagas por ellos lo mismo que harías por un hijo tuyo.
Dejales mi retrato en su pieza. Dejales que me recuerden, que alguna vez hablen de mi ....
Yo te lo agradeceré desde donde este. Y si Dios pasa cerca de mí, te señalaré con el dedo para que te haga feliz.


                                                                               Poldy Bird


 
 
 





 

PLENILUNIO

Como las gaviotas recorriendo mis playas,
tus ojos me recorren en amenazante vuelo
y me inundan de luz ante su paso.
Mis colinas se adaptan al ritmo de tu boca.
Se  estremecen, se entregan embriagadas…
Acércate a mis costas en locas marejadas de gozo.
Así, una y mil veces,
 inundando mi vergel con savia nueva…
Devástame, arrásame, devórame…
Cómo un huracán envuélveme en tus brazos.
Destrózame, fraccióname,  desmenúzame,
pero llévame contigo hacia tus dominios.
Déjame ser la amazona
que cabalgue  en el pináculo de tus placeres,
en un corcel desbocado como nuestros cuerpos.
Y emprendamos juntos un camino eterno  y si retorno…